El tiempo esférico (o la eternidad disimulada)
Creo que siempre estoy volviendo
por los inmutables meridianos
de la esfera eterna del tiempo.
Un recluso en ésta cárcel
sin aristas ni barrotes.
Imagino que ha de ser
por la ausencia de fronteras
entre todo lo vivido,
lo que resta por vivir
y lo que queda por morir.
Creo que siempre me estoy yendo.
Si el nítido espejismo
de la vida y de la muerte
se repite como un eco
en los ciclos infinitos,
debe ser porque es el tiempo
quien abarca al universo,
quien moldea la materia
y contiene la energía;
manipula cada sueño
y regula la memoria.
Si no fuera como creo
no podría ya explicarme
cómo es que todavía
sigue fresco tu recuerdo
en la palma de mi mano
y en el meollo de la noche.
Viaje místico...
Vengo de un cielo remoto
y de un tiempo perdido,
cuando el reloj marcaba cero.
De un universo en negativo,
punto azul entre la nada.
Breve como todo infinito
y ardiente como la ausencia.
Incontables laberintos
me han guiado hasta aquí,
a este rincón lejano
de conciencia adormecida.
Mientras tanto voy buscando
en mis negras catacumbas,
en mis secos albañales,
la señal que al fin me indique
que ese instante incandescente
en que vuelva a ser un punto
y me alcancen, revelados,
los secretos más profundos,
ya está cerca y va llegando
para hundirme en esa nada
que me haga resurgir.
Algún día volveré
al horizonte que he perdido
y a aquel tiempo tan remoto,
cuando el cielo estaba en cero
y el reloj aún no existía.
Marcelo Boetto
Siete cuentos de Howard Phillips Lovecraft
Howard Phillips Lovecraft
Con H.P.Lovecraft lo primero que hay que hacer es una advertencia al lector: Lovecraft no es para cualquiera. No entendido, podría parecer un inocente relator de cuentos de "horror" o de "terror". Mal entendido, algunos hasta lo han considerado cercano a lo diabólico. Sin embargo, profundizando en su obra, uno termina creyendo entender que, en realidad, no es lo uno ni lo otro - ni inocente, ni satánico - sino un ser que sufrió una enormidad y que, torturado por ese sufrimiento, llegó a límites y cruzó fronteras de cuya existencia ni siquiera sospecha la enorme mayoría de los mortales comunes.Lo extraño es que, con gran probabilidad, ni él mismo terminó de ser totalmente conciente de las fronteras que atravesó. En su extraña autobiografía (escrita alrededor de 1933 para una revista que nunca la publicó) nos cuenta que: "En esta etapa (1905-1908) la mayor parte de mis escritos, incesantes y voluminosos, eran científicos y clásicos, ocupando el material fantástico un lugar relativamente menor. La ciencia había eliminado mi creencia en lo sobrenatural, y por el momento la verdad me cautivaba más que los sueños. Todavía soy todavía materialista mecanicista en filosofía." [1]
Esa última frase es, por decir lo menos, totalmente increíble. No en el sentido de insinuar que Lovecraft nos está mintiendo. Probablemente estaba convencido de lo que decía. Lo que sucede es nosotros que no tenemos por qué creerle.
Howard Phillips Lovecraft nació en los Estados Unidos un 20 de Agosto 1890. Es casi la figura típica del escritor no reconocido en vida. Las penalidades que este hombre tuvo que padecer a lo largo de los años, jamás se vieron suavizadas por el éxito en su carrera. La desgracia caminó a su lado hasta su triste muerte como una compañera leal que, desde la niñez, le hizo sufrir incontables dolores. Su padre, un vendedor viajante, murió de sífilis en 1898, su madre en 1921. Docenas de dolencias atacaron su cuerpo hasta que acabaron con su vida, cuando aún no había cumplido los cincuenta años. Abandonó este mundo en la más absoluta miseria y en un completo anonimato.
Muy sensible y de salud delicada, fue educado por su madre viuda y sus tías. Gustaba, como Hawthorne, de la soledad y aunque trabajaba de día lo hacía con las persianas bajas. Poseedor de una inteligencia precoz, ya a los 16 años escribió una columna de astronomía para el "Providence Tribune". Entre 1908 y 1923 se ganó la vida a duras penas aportando ocasionalmente relatos para revistas de poca tirada, como "Weird Tales". Sin embargo, nunca ganó dinero en cantidades relevantes y falleció abatido por el cáncer (linfoma), un 15 de marzo de 1937 en medio de muchas penas y sin ninguna gloria, en Providence (Rhode Island), el mismo lugar donde había nacido, .
Por esas paradojas de la fama que suele honrar más a los muertos que a los vivos, 10 años después de su muerte, su obra comenzó a despertar un vivo interés. Con el paso del tiempo, ese interés creció hasta el punto en que hoy Lovecraft prácticamente le disputa el sitial de honor a su maestro Edgar Allan Poe.
Los relatos de Lovecraft hablan de espíritus malignos, posesiones psíquicas y mundos oníricos donde el tiempo y el espacio operan en magnitudes y categorías completamente diferentes de las habituales. Sus historias están pobladas por seres extraños de otros mundos. Hablan de libros ya olvidados como el legendario — y según dice la leyenda, peligroso — Necromicrón. Hay ciudades con anormales geometrías, hay leyendas perdidas, dioses perversos, seres extraños, locura, muerte.
Los relatos de Lovecraf, superficialmente considerados, son una serie de narraciones con mitología propia que combinan lo fantasioso del ocultismo clásico con la credibilidad de la racionalidad científica. Su obra está atestada de bestias cuidadosamente descriptas y bautizadas con nombres impronunciables. Es un viaje a la región de la más espantosa de las pesadillas. Pero al dejarla, es imposible evitar que surja la duda: ¿Cuánto de esto es fantasía y cuánto, quizás, realismo fantástico? ¿Cuánto es ficción pura y cuánto es alegoría?
Si se analiza la obra de Lovecraft en su totalidad, se puede veer que, tras algunos primeros relatos como "The Rats in the Wall" (Las ratas en la pared) o "In the Vault" (En la cripta), el autor abandona la tradición macabra y aplica al género un giro copernicano con títulos como "The Colour Out of Space" (El color que cayó del cielo), "The Call of Cthulhu" (La llamada de Cthulhu) o "At the Mountains of Madnes" (En las montañas de la locura). La razón de ello no es fácil de ver pero, no obstante, se percibe. Al igual que Nietzsche, Lovecraft está presentando las consecuencias de la desaparición de Dios de la cultura occidental. Sus cuentos expresan la soledad y la pequeñez de lo humano en un universo infinito y amoral, azaroso y hostil, carente de significado y angustiosamente ajeno a nuestras preocupaciones y cavilaciones. El miedo ya no lo provoca el morboso encuentro con cadáveres o espíritus, sino la conciencia de nuestra situación en el mundo cuando esa situación es percibida sin un faro de referencia.
¿Y por qué el miedo? Lovecraft mismo lo explica:
"Uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos aprisionan y frustran nuestra curiosidad de indagar en las infinitas regiones del cosmos, lejos de nuestro análisis y más allá de nuestra visión. Estos cuentos enfatizan el elemento del horror, porque el miedo es nuestra emoción más fuerte y profunda, y aquella que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El horror, lo desconocido y lo extraño, están siempre estrechamente conectados y tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de lo llegado del exterior sin basarla en el sentimiento de miedo y terror. La razón por la cual el factor tiempo tiene un papel tan importante en muchos de mis relatos se debe a que este elemento se destaca en mi mente como la cosa más profunda, dramática, espantosa y terrible del Universo. Siento que el conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana." [2]
Ese "...indagar en las infinitas regiones del cosmos, lejos de nuestro análisis y más allá de nuestra visión" fue precisamente lo que puso a Lovecraft sobre el camino de lo infinito y lo eterno. Y lo que vió le dió miedo. Quizás porque no estuvo bien acompañado. En un Universo en dónde, según Nietzsche, Dios ha muerto, no es de extrañar en absoluto que un ser humano quede prisionero del terror. Quizás el Universo es demasiado grande para que lo transitemos en soledad.
De todos modos, más allá de las cosas a favor y en contra que se puedan decir sobre la obra de Lovecraft, de lo que decididamente no se puede dudar es de su integridad como autor. Su testimonio al respecto es irrecusable: "La única cosa que puedo decir en favor de mi trabajo es su sinceridad. Rechazo seguir las convenciones mecánicas de la literatura popular o llenar mis cuentos con personajes y situaciones comunes, pero insisto en la reproducción de impresiones y sentimientos verdaderos de la mejor manera que pueda lograrlo. El resultado puede ser pobre, pero prefiero seguir aspirando a una expresión literaria seria antes que aceptar los estándares artificiales del romance barato".[3]
Discrepamos aquí en un sólo punto: no creemos que el resultado sea pobre.
Pero júzguelo el lector por si mismo en las páginas que siguen.
[1] - Algunas notas sobre algo que no existe. - Autobiografía escrita en 1933 para la revista "Unusual Stories", donde nunca llegó a publicarse.
[2] - Notas Sobre los Escritos de Literatura Fantástica (Notes On Writing Weird Fiction) - Revista "Amateur Correspondent" - Junio 1937
[3] - Idem Nota 1
Texto tomado de La Editorial Virtual
Al final del calendario
Los relojes nunca saben de tristezas
ni de ausencias que retornan sigilosas
como crueles saetas de memoria.
A la hora exacta y señalada,
con el pulcro cinismo del verdugo,
la lágrima al final del calendario
volverá a escurrirse entre los poros
de la vieja pared descascarada
sin que nadie implore por indulto.
Tras el último latido arrebatado
arderá el cielo por vergüenza
y el silencio tronará en mi garganta
cuando el acre y doloroso
aliento de la pólvora
entreabra la celda del recuerdo
y me cubra de dolor, impunemente.
marcelo boetto
Libertad
Una fuerza invisible y muy concreta me retiene con grilletes de humo y bruma.
Me adormece y me aniquila con la paciente inocencia del extraviado, con la candidez de la inconciencia.
En esta cárcel sin barrotes
y de sucios muros parcos,
se hiela un silencio estanco
que me alcanza con su estoque
de tristeza y desazones.
Poesía de letra muerta
que no vuela ni liberta
y que grabo en la pared
con dolor y sin cincel,
y ese miedo a la incerteza.
Porque antes del primer paso comienza el vuelo y antes de volar se ve el camino, pero nunca aquel recodo. Allí está, tras esa puerta. A contraluz y en la tiniebla de lo ignoto.
¿Qué me quieres decir?.
Habla claro que aun estoy dormido.
Tímida libertad abarrotada,
de alas mustias y sueños apresados,
no me obligues a anclarme en el pasado
ni a dejar mi esperanza encorsetada.
No es tu destino la monástica clausura. Asómate y mírame a los ojos, ya es hora. Agudiza tus sentidos, tengo algo que decirte:
Tengo en mente este sol y aquella luna,
un albur, un quizás y una certeza,
un aromo, una rosa, una maleza
y la llave de alguna cerradura.
¿He sido claro, amada mía?. Ya no te desentiendas. No hoy. No esta vez.
Ahora ven que el lecho está muy frío. Fue largo el invierno. Desbaratemos sábanas y mantas para amarnos a cielo abierto, a corazón ardiente.
marcelo boetto
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